No es solo algo de Europa. En los últimos tres o cuatro días, los principales modelos de predicción han ido confluyendo en la misma idea: que el vórtice va a sufrir una inversión (con los vientos de la estratosfera cambiando de sentido) entre el 4 y el 10 de noviembre.
Si ocurre, tendremos entre manos un calentamiento súbito estratosférico, sí; pero no uno cualquiera. El más temprano desde 1958: unas tres semanas antes del que hasta ahora tenía el récord. Esto lo podemos dar casi por hecho. Lo que pase luego, nadie lo sabe.
¿Qué es exactamente el vórtice polar? Se trata de una corriente de fuertes vientos (oeste → este) que gira en torno a las grandes reservas de aire frío que se encuentran sobre los polos del planeta. Se forma en la estratosfera; es decir, a unos 16–48 kilómetros de altura. En sentido metafórico (o 'periodístico' si me apuran), el vórtice polar es lo que encierra el frío en el polo.
La lógica nos dice que, en verano, el vórtice se reduce hasta la mínima expresión y, aunque es cierto que nunca lo hemos visto desaparecer del todo en estas fechas, se hace tan débil que apenas influye en el tiempo del hemisferio.

