La gran victoria de la industria. Donde Lustig acierta de pleno es en el papel que ha jugado la industria alimentaria para desviar la atención hacia el ejercicio físico y alejarla de sus productos. Por ejemplo, tenemos información de que ya en 1965 la Sugar Research Foundation financió revisiones científicas que culpaban a las grasas de las enfermedades coronarias para exculpar al azúcar con el objetivo de mantener su negocio.

Más recientemente, investigaciones periodísticas y académicas demostraron que Coca-Cola invirtió millones en financiar la Global Energy Balance Network (GEBN). El objetivo interno de esta red, según los propios correos de la empresa, era "cambiar la conversación" sobre la obesidad para centrarla en la falta de actividad física en lugar de en la dieta.

En la actualidad está ampliamente respaldado el hecho de que hacer más ejercicio no es la panacea para adelgazar, puesto que nuestro gasto energético diario tiene un límite, haciendo que a partir de cierto nivel de actividad nuestro cuerpo se adapte y el gasto total se estanque. Además, el análisis de grandes poblaciones a lo largo de décadas indica que la explosión de la obesidad no se debe a una caída dramática de la actividad física, sino a cambios en la ingesta.