Dos propiedades. Tras estudiar el cerumen de nuestros oídos, los investigadores han entendido la compleja mecánica que hay detrás, puesto que se ha visto que tiene dos propiedades que aparentemente son contradictorias: es resbaladizo y pegajoso al mismo tiempo.
Una trampa mortal. Para entender cómo el cerumen frena a los intrusos, los investigadores recurrieron a la biomimética y a pruebas de comportamiento con hormigas. Y es que debemos tener en cuenta que los insectos son escaladores excepcionales gracias a que segregan unas gotas adhesivas en sus patas, lo que les permite desafiar la gravedad y caminar por techos o paredes verticales.
Pero el canal auditivo es un terreno hostil, ya que el cerumen es una sustancia hidrófila, porosa y viscoelástica. De esta manera, cuando un insecto intenta caminar sobre una capa de cerumen liso, se cae inmediatamente, puesto que los microporos de la cera absorben los fluidos adhesivos que segrega el propio insecto, anulando su capacidad de agarre.
Un matiz. En superficies donde el cerumen era más rugoso, los insectos podían clavar sus garras para avanzar ligeramente, pero terminaban ralentizados y atrapados por la viscosidad del medio. Es decir, el oído neutraliza el "superpoder" adhesivo de los insectos volviendo su propia biología en su contra.

