Patrick Stewart construyó una carrera extraordinaria sobre los escenarios y frente a las cámaras. Desde el teatro shakespeariano hasta sus inolvidables interpretaciones del capitán Jean-Luc Picard en Star Trek y del profesor Charles Xavier en la saga X-Men, el actor británico se convirtió en una de las figuras más respetadas de su generación. Sin embargo, detrás de los personajes que lo hicieron famoso había una historia personal bastante menos luminosa: la de un padre que reconoció haber relegado a sus hijos por su obsesión con el trabajo y que, muchos años después, lamentaba profundamente la distancia que se había instalado entre ellos. En sus últimos años, en cambio, encontró en Sunny Ozell una compañera inseparable, que estuvo a su lado hasta el final.

Stewart murió el miércoles 28 de octubre, a los 86 años, en su casa de Los Ángeles, después de una breve lucha contra la enfermedad de Alzheimer y la demencia con cuerpos de Lewy. La noticia se conoció al día siguiente, a través de un comunicado de un portavoz que confirmó que el actor había fallecido bajo el cuidado amoroso de su esposa. El mensaje también describió sus últimas horas rodeado del cariño de familiares y amigos, con música en vivo, oraciones, lágrimas y risas. Una despedida que, según sus allegados, estuvo atravesada por la misma intensidad emocional que había caracterizado su vida.