El problema de Viking 2. El sismómetro de Viking 2 estaba montado directamente sobre el módulo de aterrizaje. Este se movía por efecto del viento, transmitiendo las vibraciones al sismómetro como si de una vela se tratase. Por lo tanto, era imposible determinar si las señales que captaba procedían del suelo o del viento. Además, el único contacto de Viking con el suelo eran sus patas. Eran estas las que transmitían las vibraciones hacia el sismómetro, por lo que podrían generarse muchas interferencias por el camino.
La NASA aprendió de sus errores. En 2018, la NASA envió a Marte la sonda InSight. De nuevo, dotaron a un módulo de aterrizaje de un sismómetro, pero en este caso había una gran diferencia. Y es que el vehículo disponía de un brazo robótico que, una vez en el planeta rojo, sacó hacia fuera el sismómetro y lo colocó directamente sobre el suelo. Así, las vibraciones que captaba serían mayormente subterráneas, sin tantas interferencias del viento.
Más de mil terremotos. Entre 2018 y 2022, InSight detectó 1.319 terremotos, demostrando que el planeta rojo tiene más actividad sísmica de lo que se pensaba. Si el sismómetro de las sondas Viking hubiese funcionado mejor, quizás habría detectado algunos. Ahora bien, ¿realmente habría que dar por perdidas las grabaciones de Viking 2?

