La naturaleza en los alrededores fue uno de los factores que decidió a Greg Pirio, historiador especializado en África, a comprar hace 14 años su casa en el condado de Loudoun (norte de Virginia). Le encantaba dar largos paseos con su perro por senderos que atravesaban arboledas y escuchar a los pájaros. Hace tres años, un gran centro de datos se instaló a apenas un centenar de metros de su puerta. Desde que empezó a funcionar, hace año y medio, un zumbido constante y humos que le provocan a él y a sus vecinos dolores de cabeza, conjuntivitis y problemas respiratorios han sustituido a los trinos de las aves.
“Nadie nos avisó de lo que se nos venía encima”, se lamenta desde su salón. Desde la ventana, tras una fila de árboles y arbustos que forman una precaria barrera, se intuye la gran masa azul del edificio tecnológico.
"Una potencia". El número uno de Oracle en América latina habló de la adopción de IA en nuestro país

