La Casa Rosada insiste en mostrar a su mesa política como una instancia de coordinación, pero las diferencias sobre 2027 empiezan a poner a prueba esa imagen de unidad. Las reuniones de cada martes terminan siempre con un comunicado que intenta transmitir una armonía bastante más difícil de encontrar puertas adentro. Lo que nunca aparece en las gacetillas son las discusiones reales que atraviesan al núcleo de poder libertario, donde los funcionarios encargados de delinear la estrategia oficial también compiten por imponer sus propias prioridades.
A medida que se acerca el año electoral, esas tensiones empiezan a concentrarse en una discusión que incomoda especialmente al equipo económico: cuánto tiempo puede Javier Milei darse el lujo de mantener abiertas las negociaciones con los gobernadores sin que la incertidumbre política termine pasando factura.
La última reunión, celebrada después de una semana de interrupción, volvió a ofrecer una postal de esa doble realidad. El comunicado oficial estuvo dedicado a los proyectos que el Gobierno pretende impulsar en el Congreso y a los preparativos para la visita del papa León XIV, ahora en duda tras su intervención quirúrgica. Pero detrás de esa agenda de gestión conviven estrategias que no siempre apuntan en la misma dirección.

