Lisa es diseñadora gráfica freelance y reside en España. Si bien su trabajo es estrictamente digital, en el último tiempo retomó el pintar con acuarelas, entre otras técnicas tradicionales, para obtener ingresos de ello. ¿El motivo? La inteligencia artificial (IA). “No sé si soy lo suficientemente buena como para sobrevivir al mundo digital”, reconoció la joven a The Guardian.
Y es que, desde el lanzamiento de ChatGPT, en noviembre de 2022, comenzó a notar cambios en su diaria laboral: de recibir encargos esporádicos y poco remunerados para crear logotipos y diseños de packaging, ahora pasó a verse desbordada por pedidos para corregir versiones generadas por IA. Mejorar imágenes borrosas y convertir diseños defectuosos en archivos utilizables son algunas de sus nuevas tareas. Para 2025, estos trabajos representaban entre el 60% y el 70% de sus ingresos anuales.
Sin embargo, los pagos eran bajos y, en algunos casos, los diseños generados con IA tenían tantos errores que debía recrearlos desde cero. Además, a Lisa le preocupaba infringir normas de derechos de autor. “Era un trabajo completamente carente de alma”, comentó Lisa, que ahora se dedica a los “diseños hechos por personas”.
El caso de Lisa es solo uno entre miles de trabajadores freelance. De hecho, en el último tiempo el término “AI slop” —utilizado para describir contenido de baja calidad generado por esta tecnología— ganó amplia popularidad en plataformas de búsqueda de trabajo.

