El primaverano. Solemos pensar que el verano se alarga de forma simétrica, empujando por igual a la primavera y al otoño. La cultura popular ha acuñado con éxito el término "veroño" para describir estos octubres en manga corta, pero los datos climáticos revelan que el verdadero devorador de estaciones actúa por delante, puesto que el verano ataca principalmente a la primavera.
Aquí tenemos un análisis hecho con 44 estaciones meteorológicas entre 1971 y 2018 que nos apunta que el inicio del verano se está adelantando a un ritmo medio de 6,76 días por cédas mientras que su final se retrasa a un ritmo de 2,74 días por década.
Su interpretación. Con estos datos en la mano, podemos ver que el verano avanza hacia mayo y junio con el doble de agresividad con la que se adentra en el otoño. De hecho, los informes más actualizados de AEMET confirman que el llamado "primaverano" supera ya los treinta días de invasión en diversas zonas del centro-norte peninsular.
Pero, por su parte, el otoño resiste mejor el envite. La extensión del verano hacia atrás es menor y solo resulta estadísticamente clara en las costas cantábricas y mediterráneas, donde el calor ha ganado unas dos o tres semanas en el cómputo global de las últimas décadas. En la mitad oeste de la península, esta extensión otoñal rara vez pasa de una sola semana.

