Sin embargo, ese mecanismo se tuerce con la llegada del Modo IA, la versión del buscador en la que Gemini resuelve la consulta con un texto, no con una lista de enlaces. A los usuarios les gusta, pero deja menos espacio para anuncios y menos motivos para hacer clic. Google lo ha reconocido ante sus inversores justo cuando más dinero necesita para pagar la infraestructura de la IA.

El buscador de siempre paga la factura. Para ver el verdadero problema Google hay que mirar sus cuentas del tercer trimestre. Alphabet facturó 127.577 millones de dólares, de los que la búsqueda aportó 63.350 millones, casi la mitad del total. Esa cifra creció un 12% en el último trimestre, pero es que, en los dos trimestres anteriores, había crecido un 19% y un 17% respectivamente.

Mientras tanto, la inversión en infraestructura de la IA y sus costes de desarrollo devora el flujo de caja a un ritmo frenético. Las cuentas revelan que Google gastó 51.355 millones en equipos e instalaciones en solo tres meses, más de los 42.290 millones que generó su actividad. La partida que sostiene todo ese esfuerzo inversor es la publicidad. La división de servicios, bajo la que operan estos ingresos, obtuvo 39.157 millones de beneficio operativo, más del triple que Cloud.