El tiempo empezó a correr más rápido para la oposición y, especialmente, para el peronismo. El statu quo es una trampa de la que solo se benefician los que tienen algún poder. Aunque sea poder de veto. Y la capacidad de los desafiantes para modificar el escenario en el que Javier Milei aún predomina asoma demasiado limitada.

La incertidumbre sobre el calendario electoral y las reglas de juego que regirán las próximas elecciones nacionales complican al extremo las expectativas de ordenamiento del archipiélago de la oposición, donde hay pocos puentes, abunda la incapacidad para construir puntos de contacto y sobra la desconfianza.

Tanto dificultan esas condiciones políticas como la heterogénea situación de la economía, donde algunas cosas están bien, otras bastante mal y muchas tienen un futuro incierto, lo que complica la toma de decisiones.

Pocos saben hoy si lograrán armar el rompecabezas o si, al final, habrá demasiadas piezas antimileístas sueltas, como se ilusiona y para lo que trabaja el ala política del oficialismo. Ese es el objetivo primordial, pero no el único, de eliminar o, de mínima, suspender las elecciones primarias abiertas simultáneas y obligatorias (PASO).