Un equipo de la EPFL, la Escuela Politécnica Federal de Lausana, ha hecho volar dos microvehículos que pesan 150 y 184 microgramos y no llevan absolutamente nada dentro: ni motor, ni batería, ni cables, ni electrónica. Son piezas de polímero huecas, impresas de una sola vez, que despegan cuando se las somete a ultrasonidos. El trabajo se publicó en agosto en Science Advances y lo ha recuperado estos días Microsiervos.
La letra pequeña está en el otro lado: debajo hay un array de 256 transductores generando el campo acústico. El motor no ha desaparecido, se ha movido fuera del aparato.
No es levitación acústica, aunque lo parezca y muchos lo cuenten así. Los autores lo descartan expresamente: esferas del mismo material no levitan en ese mismo campo.
Lo que funciona es la resonancia de Helmholtz, el fenómeno que hace sonar una botella cuando soplas por el cuello. Cada pieza lleva una cavidad hueca con un cuello estrecho: el aire del cuello oscila con el sonido y, como entra y sale de forma asimétrica, genera un chorro de aire direccional. Ese chorro empuja.
