Unas instrucciones, cientos de objetivos. El caso que observó Snorre Fagerland pone cifras a ese cambio de escala. Un atacante de habla china dio a sus agentes unas instrucciones de menos de 100 caracteres en chino y los lanzó contra más de 1.200 sitios web; para finales de la semana pasada, más de 100 habían sido comprometidos. Reuters identificó entre las víctimas páginas vinculadas a Deere, SharkNinja y Cummins. Eso sí, estamos hablando de 1.200 son intentos de intrusión, no ataques exitosos, y el alcance real sobre los datos de cada afectado sigue sin estar claro.

Qué hacía realmente la IA. Para entender por qué este caso importa hay que mirar primero a Cairn. No estamos ante una IA creada expresamente para hackear, sino ante un sistema abierto de resolución de problemas mediante múltiples agentes. A partir de un objetivo, estos pueden dividir el trabajo, registrar los hallazgos que aparecen por el camino y utilizar esa información compartida para decidir cuál será el siguiente intento. Aplicada a una intrusión, esa mecánica permite mantener durante horas tareas de reconocimiento y búsqueda de vulnerabilidades sin necesitar instrucciones humanas para cada movimiento.