La existencia de 'Las nuevas desventuras de Cliff Booth' nos demuestra dos cosas: que cualquier cosa es posible dentro del microcosmos hollywoodiense y, en segundo lugar, que Fincher no le tiene miedo a nada. Ni siquiera a recortar la friolera de 60 páginas de un libreto escrito por uno de los guionistas más obsesivos, meticulosos y peculiares de la industria contemporánea.

Si estamos hablando sobre esto es porque, tal y como ha explicado él mismo a la revista Empire, Fincher pegó un buen tijeretazo al manuscrito de Quentin Tarantino para que el largometraje resultante del mismo se ajustase lo máximo posible a sus necesidades y, de paso, para que tuviese una duración propia de una sola película, que ha terminado siendo de dos horas y veinte minutos.

Me gustó la idea de que fuera una historia que girara en torno a una hoguera. No se trataba tanto de la trama como de cómo los protagonistas se cruzaban entre sí en los callejones de Hollywood en 1977… El primer borrador que leí tenía 230 páginas. Era, en esencia, como dos películas. En algún lugar de ahí estaba el diagrama de Venn de lo que Brad quería hacer, lo que yo quería hacer y lo que Quentin quería hacer. No "queríamos hacer", sino las áreas en las que nos centraríamos.

No obstante, resulta curioso que Tarantino lleve la contraria al cineasta en lo que respecta al peso específico de la trama en la cinta.