El descubrimiento. A principios de esta semana, un equipo internacional presentó lo que habían recuperado en el nivel 101 de la cueva de Abauntz: seis huesos pertenecientes a un individuo neandertal adulto de sexo masculino. En concreto, se trata de tres huesos metacarpianos y una falange de la mano derecha, a la que se suman otros dos pequeños fragmentos óseos.

El problema es que identificar restos tan fragmentados no es tarea fácil, y es por ello que aquí es donde entra la "magia" tecnológica, puesto que la confirmación de que estos dos últimos fragmentos pertenecían a un neandertal se ha logrado mediante el análisis de las proteínas.

El desafío de este hallazgo es saber exactamente cuándo vivió este neandertal. Según los informes técnicos más recientes publicados en Trabajos de Arqueología Navarra, el nivel 101 de la cueva tiene una edad que roza el límite físico de la datación por radiocarbono.

Aquí la datación del 'Carbono-14' sobre un resto óseo ha proporcionado una edad mínima de más de 46.900 años calibrados antes del presente. El problema es que al encontrarse tan cerca del límite de aplicación de este método de datación, los investigadores ya están aplicando técnicas complementarias. Pero lo que está claro es que la Abauntz es el único lugar en toda Navarra con indicios innegables de presencia neandertal.