Al cabo de un largo y reservado proceso de empates entre dos candidatos favoritos, en junio de 2015, la junta directiva de los miembros de la filarmónica, informó la elección por amplia mayoría de su nuevo titular. Un tercer candidato neutral que no dividiera las aguas en dos corrientes irreconciliables. En una conferencia de prensa que convocó la atención de medios internacionales, como pocas otras noticias del ambiente clásico, la Filarmónica de Berlín —la orquesta más democrática del mundo, epítome de la excelencia musical—, anunció con cuatro años de anticipación para asumir el puesto, a su nuevo titular, el director ruso Kirill Petrenko.
“Nuestra selección —explicó el violinista a cargo de la junta—, recae en un músico para quien el foco de atención está puesto en la obra. Nunca en su persona. Un director cuyo carisma es capaz de transformar la sala de conciertos.” Bajo su batuta, la prestigiosa agrupación alemana fundada en 1882, conducida históricamente por leyendas como Furtwängler, el emblemático Herbert von Karajan, Abbado y Rattle, regresa a la Argentina tras veintiséis años de su última visita para ofrecer, en el cierre de su gira americana iniciada en Nueva York, tres conciertos en el Teatro Colón. En el primero de los dos programas contarán con la participación del eximio pianista islandés Víkingur Ólafsson, solista del concierto nº 1 de Brahms.

