Es, precisamente, en este viso imperecedero, en el que se encuentra la respuesta a las siempre impertinentes preguntas que invitan a cuestionar la necesidad de, en el caso que nos ocupa, nuevas adaptaciones de clásicos literarios. Un fenómeno que continúa estando a la orden del día y que este 2026 nos ha dado dos ejemplos perfectos de por qué se sigue apostando por este tipo de productos.
El primero de ellos es la comentada hasta la extenuación 'La Odisea' de Christopher Nolan y, el segundo, de una naturaleza radicalmente opuesta a la épica homérica, es la última traslación del papel a la gran pantalla de 'Sentido y sensibilidad': una exquisitez tanto en lo formal como en lo puramente emocional que, si se me permite el chascarrillo de segunda, tiene todo lo que promete su título.
La cineasta Georgia Oakley, que se ha desenvuelto a las mil maravillas en una producción mucho más grande y ambiciosa que su celebrado debut 'Blue Jean', ha logrado, junto a la guionista debutante Diana Reid, canalizar todo el espíritu de la novela de Jane Austen con un cariz más terrenal, menos engolado y, en cierto modo, más moderno y actual —lo cual no es necesariamente mejor ni peor— que el de las anteriores versiones de la saga de las Dashwood en el cine y la televisión.

