"Stallone me explicó que no le gustaba el tono que tenían la segunda y tercera película. Me dijo que quería volver a la esencia del personaje. Es el personaje que yo imaginé en 1972: cabreado y devastado. Rambo se detesta, pero al mismo tiempo es plenamente consciente de que solo hay una cosa que sabe hacer: matar."
Los primeros años de la década de los setenta, un par de años después del verano del amor y con la irrupción de los followers de Charles Manson en casa de Sharon Tate y Roman Polanski muy reciente, el cine de explotación comenzó su era dorada de tono carcelario, guerrillero y de guerrilla, softcore y hardcore. De torturas y venganzas.
También con ellas llegó la primera novela de Morrell, 'Primera sangre' ('First Blood'), un descarnado drama de acción ultraviolento sobre un veterano de guerra con problemas de estabilidad emocional perseguido por pueblerinos enfadados y por hombres de ley con tantos o más problemas que John Rambo.
¿Casualidad? No lo creo. Pero disfrazar de prestigio ese drama no le vino mal a la novela, que ha seguido creando adeptos, curiosidad y buenas tardes de lectura. Porque es una novela fenomenal y muy, muy bestia. Mucho más que la adaptación de Sylvester Stallone, Michael Kozoll, William Sackheim, que humanizaron al personaje torturado hasta hacer un auténtico héroe de un, digamos, psicópata.

