Nunca hemos tenido garantías absolutas en materia de ciberseguridad, pero sí hemos desarrollado mecanismos para mantener los riesgos bajo control. Una parte fundamental de esa estrategia consiste en hacer que superar determinadas barreras resulte demasiado costoso, complejo o lento para un atacante, mientras los equipos responsables identifican vulnerabilidades y trabajan para corregirlas. El problema es que la inteligencia artificial está empezando a modificar esa relación entre esfuerzo y tiempo, facilitando tareas que antes podían exigir una investigación considerable. Y cuando descubrir un fallo se vuelve más rápido, también aumenta la presión sobre quienes deben solucionarlo.
Una de las voces que ha decidido advertir públicamente sobre este escenario es Jason Clinton, subdirector de ciberseguridad de Anthropic. El 22 de octubre publicó en su cuenta personal de X un mensaje que no deja demasiado espacio para el optimismo: "Por muy mal que se hayan puesto las cosas en los últimos cuatro días, van a empeorar mucho más antes de mejorar. Responsables de seguridad, nunca desaprovechéis una crisis: acudid a vuestros consejos de administración y pedid ayuda ahora mismo. No para la inteligencia artificial, sino para lo básico. (Tenemos que aguantar unos 18 meses)".

