Hay una unidad endeble, pero unidad al fin. Unidad atada con alambre que multiplica las especulaciones hacia afuera y hacia adentro de peronismo. ¿Puede romperse la coalición justicialista y presentarse con dos listas el año que viene? La respuesta es que sí. ¿Puede lograr un acuerdo amplio, con o sin PASO, y competir con un proyecto unificado el año que viene? La respuesta también es que sí.

Si hay un mensaje que dejó la cumbre peronista que se realizó el último jueves en la Casa de La Pampa es que el peronismo no está totalmente roto, ni tampoco está completamente unido. Ese híbrido es leído de diferentes formas en las filas oficialistas. Puede unirse, como siempre lo han hecho, de cara al año electoral y pueden dividirse porque la interna entre la familia Kirchner y Axel Kicillof es tan profunda que ya no tiene retorno.

Por eso la continuidad de las PASO sigue siendo un tema central para la oposición. Una elección, organizada y controlada por el Estado, es la única forma que el peronismo tiene de poder legitimar un candidato a través de los votos. Y, aún así, realizando esa competencia, nadie garantiza que el final de ese proceso electoral pueda terminar siendo fructífero. “¿Si Axel gana, La Cámpora lo va apoyar? ¿De verdad?“, se preguntó esta semana un importante funcionario del gobierno bonaerense.