De chica se paraba arriba de la mesa y cantaba para cualquiera que entrara a su casa. Después llegaron diez años en el Coro de Niños del Teatro Colón, la formación en música popular y las primeras giras junto a su padre, el intérprete y compositor Piero, quien falleció el 7 de octubre pasado. Así, pasar de los centros culturales a cantar sola con su guitarra ante miles de personas fue una oportunidad enorme, pero también un desafío que todavía recuerda con precisión. A los 23 años, Fiorella De Benedictis, conocida artísticamente como Fiorel, busca que sus canciones sean una invitación a conversar, pensar y compartir.

Mientras transita el duelo por la muerte de su padre, la música también se volvió una forma de sentirlo cerca. Este domingo 25 de octubre presentará Crezco del viento en La Carbonera, en San Telmo, y el 14 de noviembre participará de un homenaje a Piero en el Teatro Santa María.

En diálogo con LA NACION, habla de esa búsqueda propia, del miedo que aprendió a atravesar y de un vínculo en el que hubo canciones, consejos, anécdotas y, sobre todo, un lugar seguro al que volver.

—¿Cómo te estás preparando para el show?