“A nosotros nos gustaría hacer otra cosa, pero depende del gobernador. No nos preocupan las internas sanguinarias, ya vivimos una y terminamos todos juntos. Va a volver a pasar lo mismo”, afirmó una legisladora tucumana, unas horas antes de que sonara la chicharra para la sesión opositora del DNU 70. Osvaldo Jaldo, finalmente, llamó por teléfono y ninguno de los tres diputados que le responden ingresó al recinto. Los escraches no tardaron en llegar: una constante que los diputados sufren, pero no así los gobernadores. Para Jaldo, Raúl Jalil y Gustavo Sáenz es una cuestión de supervivencia política, que los llamen “traidores” es un problema de porteños.
Jaldo, Jalil y Sáenz, el triángulo de hierro del peronismo violeta, vienen sosteniendo la gobernabilidad de Javier Milei en el Congreso desde hace más de un año. Los apoyos varían de ley a ley, dependiendo del nivel de compromiso del Gobierno y de la presión social local. Desde que Diego Santilli llegó a la Jefatura de Gabinete, advierten, el Gobierno se volvió más cumplidor: los ATN llegan y los acuerdos políticos avanzan, así como también los personales. “Fue una estupidez sacarlo a Adorni. Teníamos al 4 de Racing negociando en nombre del Gobierno y los obligamos a meter a Messi”, ironiza, irritada, una dirigenta norteña que mezcla primera y tercera persona del plural cuando habla del peronismo.

