Su historia. Cuando el proyecto nació hace casi dos décadas, la idea principal se basaba en la plantación masiva de árboles en líneas rectas para frenar físicamente el avance de la arena. Sin embargo, la ciencia demostró que esta aproximación partía de una concepción obsoleta de la desertificación que se trataba de abordar.
Aquí los estudios que se fueron publicando confirmaron que plantar grandes árboles en zonas semiáridas generaba problemas como una baja tasa de supervivencia, la reducción de la humedad del suelo o incluso el descenso de los acuíferos locales. Y ante un escenario lleno de problemas y conflictos, los expertos tuvieron que cambiar hacia un enfoque de mosaico adaptado al contexto que tenían delante.
Lo que hicieron fue apostar por plantar arbustos, que se ha demostrado que es algo mucho más efectivo y sostenible para la adaptación climática en el Sahel que los grandes árboles. Además, todos los esfuerzos fueron también encaminados a apoyar la agricultura tradicional, puesto que se ha visto que en el Sahel semiárido, las tierras de cultivos gestionadas por la población local ya albergan una mayor cobertura leñosa que las sabanas vecinas.
La buena noticia es que aunque las plantaciones no alcancen niveles de alta densidad forestal, las mediciones confirman que los árboles que logran establecerse proporcionan diferentes "servicios" como sombra, retención de agua o nutrientes para la supervivencia de las comunidades locales.

