Lo recomendable, en realidad, es subir las persianas, abrir bien la cama, ventilar la habitación y solo hacer la cama cuando haya pasado alrededor de una hora. Si tienes que salir de casa en menos de ese tiempo, puedes dejarte la cama sin hacer hasta que vuelvas. De verdad que no pasa nada.

Un criadero de ácaros del polvo. Los ácaros del polvo, como su propio nombre indica, viven en el polvo. Sin embargo, al contrario de lo que algunas personas piensan, no se alimentan de él. Más bien, se alimentan de materia orgánica, como pueden ser restos de insectos, uñas o piel descamada. Esto último es algo que tenemos a montones y que liberamos en gran cantidad mientras dormimos y nos frotamos con las sábanas. Si a eso le sumamos que los colchones tienden a acumular bastante polvo, vemos que las camas son todo un parque de atracciones para estos ácaros. De hecho, la humedad procedente del sudor y nuestra respiración favorece que proliferen aún más.