“Los sureños sabemos defender bien la Argentina. Estamos en contra de la venta de las tierras de la Patagonia. Si quieren vender algo, vendan Puerto Madero, vendan el Obelisco. Déjense de joder con un país centralista. Volvamos a recuperar la Argentina. La Patagonia tiene once puertos. Le podemos dar mucho más a la Argentina. Pero se le tiene que empezar a devolver todo lo que se le sacó. La dignidad, la educación, la seguridad, el laburo y la guita. Hay que volver a poner en La Patagonia gobiernos que defiendan el interés del pueblo”.

El discurso del intendente de Río Gallegos, Pablo Grasso, retumbó con fuerza en el acto que el PJ Federal organizó el viernes pasado en Comodoro Rivadavia, Chubut, con el objetivo de presentar un programa energético y discutir medidas para agregar valor a los recursos, ampliar la participación de proveedores nacionales, preservar el papel de YPF en la región y sostener la actividad en las cuencas maduras.

Fue un mensaje potente, electoralista y de trinchera. Un discurso para inyectar ánimo en las arterias de un peronismo que, por momentos, teme quedarse encerrado en sus internas hasta el límite de perder representatividad en la etapa de las elecciones. Grasso es unas de las voces nuevas que se empezó a escuchar con frecuencia en la construcción política del PJ Federal, esquema que llevan adelante, con mayor visibilidad nacional, Victoria Tolosa Paz, Juan Manuel Olmos, Federico Achával y Guillermo Michel.