¿Quién? Hace unas décadas, detrás de Lao Gan Ma apenas había un puesto de fideos. A finales de los ochenta, Tao Huabi servía en Guiyang (Guizhou) fideos con una salsa casera de soja fermentada y aceite de chili. La salsa gustó tanto que acabó vendiendo solo eso. Los camioneros que la compraban la exportaron a otras ciudades. Ya con 49 años, alquiló un local y contrató a unos 40 trabajadores; la fábrica se levantó en 1996 y la sociedad se registró en 1997.

Desde entonces, la “mujer más picante de China” ha erigido una tremenda rareza: una empresa sin salir a bolsa, sin préstamos ni financiación externa, según su lema, con el capital en manos de sus dos hijos. A Tao le ha generado una fortuna estimada en más de 1.000 millones de dólares y a la marca le ha reportado en torno al 55% del segmento de salsa de chili en el país. Claro, una firma construida a mano, sin inversores y con la cara de una “vieja madrina” en el bote lo tiene más complicado cuando alguien la acusa de cambiar personas por cámaras.