‘Hope’ es, ante todo y sobre todo, excesiva. En todos los sentidos, para bien y para mal, tanto en su espectacularidad como en su duración y, por supuesto, su rareza. Esta es la película más cara de la historia del cine coreano y, lejos de amoldarse a los gustos occidentales, aprieta el acelerador todo lo que puede sin quedarse corta de lore imposible de entender, historias hilarantemente escatológicas, golpes de humor visual inauditos y una narrativa profundamente territorial. Hong-jin va con todo en esta cinta, y se agradece que no tenga miedo de ser extravagante de inicio a fin.
No es menos cierto que los mejores momentos de ‘Hope’ se esconden en su primer acto, cuando tan solo podemos ver el reguero de destrucción que el monstruo ha dejado en sus ataques: es una persecución hacia algo que no podemos ver, y de lo que vamos aprendiendo más a medida que pasa el metraje, siempre manteniendo a la criatura fuera de campo. Su director nos hace esperar pacientemente el momento de mostrarnos la amenaza y empezar el ciclo de ataques y persecuciones, pero es por su propio bien: este inicio es carismático, único y abrumador. Una auténtica delicia que después se pierde un poco en su propia épica.

