Faltaba poco más de una hora para la medianoche del martes, cuando la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, recibió un llamado desde el puesto de Migraciones en Puerto Iguazú. Era para informarle que Flavio Bolsonaro y su familia estaban allí para ingresar a la Argentina. Pese a que había un operativo reservado montado por el Gobierno para facilitarle la partida, la funcionaria desconocía esos movimientos, que incluían a efectivos de fuerzas a su cargo. Llamó a Javier Milei para ver cómo actuar, y el Presidente, que sí estaba al tanto de la maniobra, le dio su aprobación. Nadie además de él, Santiago Caputo, y quizás Karina Milei, estaba en conocimiento del dispositivo que se había montado.
La fuga del fallido candidato presidencial fue gestada desde EE.UU. por el Departamento de Estado en conexión directa con Bolsonaro. La Argentina habría entrado en el circuito como un actor complementario por requerimiento del senador brasileño, quien consideró riesgoso huir por un aeropuerto de su país y optó por la salida a través de Iguazú.

