El ensayo de Javier Milei por convertirse en líder internacional chocó nuevamente con los vientos externos. El triunfo de Lula en Brasil lo dejó atrapado y en soledad. Su salida política fue coordinar con Estados Unidos una operación de escape de Flavio Bolsonaro, intervención que el secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, negó. No pudo celebrar la elección en Israel, y tampoco logró sacar provecho en España, viaje que resultó más rentable para Pedro Sánchez que para sus aliados de ultraderecha. Pasado mañana se expone a un cimbronazo si los comicios de medio término terminan confirmando una merma considerable del poder de Donald Trump.
La consecuencia inmediata será una suba aún más pronunciada del riesgo país, que ya llegó casi a los 800 puntos, quedando en 790 el viernes, el nível más alto desde octubre de 2025. El Gobierno vive en una tensión permanente. El año electoral se le adelantó con valores que se parecen mucho más al momento de los comicios legislativos y la derrota en la provincia de Buenos Aires que a un año que debería haber sido de relativa calma. Milei alimenta ese estado de conflicto eterno.

