El carácter acaso cerrado de sus gentes, lo romo de sus cultivos y la dureza de las condiciones meteorológicas contribuían a forjar tal impresión. También los testimonios de aquellos exploradores o viajantes que de tanto en cuanto se adentraban por allí. Ya desde la Antigua Roma circulaban relatos sobre una particularidad anatómica de sus gentes, una suerte de retraso físico y mental de particular frecuencia en muchas poblaciones alpinas. Relatos que llegaron hasta bien entrada la modernidad.
Aquella particularidad, como bien rememora Big Think, sirvió a Georges Prosper Remi, conocido universalmente como Hergé, para uno de sus chistes más recurrentes. Cada vez que el Capitán Haddock deseaba proferir una retahíla de insultos y juramentos, de su boca tan sólo salían sofisticadas creaciones metafóricas o complejos diagnósticos clínicos ajenos al populacho. Así conseguía dos objetivos: ilustrar su carácter volcánico y permitir que Tintín, el cómic, no tomara un carácter profano. Y entre aquellos, uno era raramente específico en su geografía.

