No es tan fácil. Aunque parece que lo correcto es comenzar a plantar árboles como locos, la verdad es que la realidad es mucho más compleja que la simple suma de ramas y hojas. Aquí una serie de investigaciones recientes advierten que la eficacia real del arbolado depende drásticamente de la humedad, la forma de las calles y el clima. Y lo más llamativo es que en ciertas condiciones el árbol puede provocar una sensación de mayor calor.

Un caso español. Para entender cómo interactúan los árboles con la ciudad en condiciones límite, un equipo de investigadores del ICTA-UAB y el CIEMAT ha llevado a cabo una exhaustiva simulación centrada en el Eixample de Barcelona. El estudio, publicado en Urban Climate, utilizó una versión modificada del modelo BEP-Tree para enfrentar dos escenarios diferentes, como son la calle Balmes con un arbolado muy escaso y la calle Aribau con muchos más árboles y encima más altos.

Los resultados. Los investigadores han podido confirmar que, cuando el suelo está húmedo, los árboles van a poder refrigerar el ambiente con una gran eficiencia. En números vieron que se lograba reducir la temperatura del aire una media de 1,2 ºC y rebajaron el índice de estrés térmico en 3,2ºC. Y si nos vamos a pie de calle, en los puntos más críticos la temperatura que percibe un peatón que anda por la calle cayó en picado hasta los 12,3ºC.