Un iceberg en el lugar más improbable. La escena tuvo lugar en Ames, una pequeña ciudad universitaria de Iowa, a miles de kilómetros de las regiones polares. Allí, entre el 2 y el 6 de octubre de 1977, se celebró la primera Conferencia Internacional sobre la Utilización de Icebergs, organizada con el apoyo del príncipe Mohammed Al-Faisal. Para recibir a los participantes, sus promotores habían transportado desde el glaciar Portage, cerca de Anchorage, un bloque de hielo de aproximadamente 1,1 toneladas, aunque algunas crónicas posteriores elevaron la cifra hasta las dos toneladas.

Según las reconstrucciones de la época, un equipo de buzos intervino en su extracción, un helicóptero lo sacó del agua y posteriormente viajó en avión y camión refrigerado hasta la universidad. El coste de aquella demostración se situó entre 5.000 y 7.500 dólares, dependiendo de la fuente. Era una operación desproporcionada para llevar hielo a una ciudad estadounidense, pero perfectamente calculada para llamar la atención sobre un proyecto mucho mayor.

Llevar la Antártida al desierto. Mohammed Al-Faisal pertenecía a la familia real saudí y había estado estrechamente vinculado al desarrollo de las infraestructuras de desalinización de su país. Arabia Saudí disponía de enormes recursos petroleros, pero tenía que invertir grandes cantidades de energía y dinero para convertir el agua del mar en agua apta para el consumo.