Los números no cierran, las piezas no encajan. Lo concreto es que los mensajes optimistas que parten de la Casa Rosada y que anticipan un pronto tratamiento de la reforma política chocan con el duro muro de la realidad que impera en el Senado, donde los votos para eliminar o suspender las elecciones primarias abiertas simultáneas y obligatorias (PASO) todavía siguen sin aparecer o juegan a las escondidas.

“Son más expresiones de deseos que realidades”, le dijo a LA NACION un operador político oficialista sobre las versiones que ubicaron al jefe de Gabinete, Diego Santilli, anunciando ante la mesa política del Gobierno que tenía los votos y que a más tardar a mediados de noviembre el Senado va a aprobar el proyecto del Poder Ejecutivo.

En otra usina política oficialista dieron una mirada un poco más amplia de la situación. Aseguran que, por ahora, el jefe de Gabinete cerró pocos acuerdos concretos y tiene muchas promesas de parte de un puñado de gobernadores que no solo son viejos zorros de la política, sino que en muchos casos en privado manifiestan su reticencia a cumplir con su parte del trato antes de que lo haga un Gobierno que tiene fama de mal pagador.

Esa misma fuente precisa que también hay casos en los que el “pago” pedido a cambio del voto para eliminar las PASO parece casi de imposible cumplimiento, lo que abre serios interrogantes sobre la solidez de los compromisos asumidos por el jefe de Gabinete.