El mal olor es uno de los grandes reclamos para aplicar este truco, puesto que nadie quiere entrar en un baño y que huela mal. Y aquí, desde un punto de vista mecanístico, la ciencia avala este sistema, aunque con matices. Por ejemplo, el inconfundible olor a orina rancia se debe fundamentalmente al amoniaco, y este compuesto se produce cuando la ureasa bacteriana hidroliza la urea de la orina. Dicho proceso biológico no solo causa mal olor, sino que sube el pH del medio y provoca la precipitación de sales, formando el temido "sarro de orina" que se queda casi incrustado.

Y aquí funciona, puesto que la química ácido-base está de nuestro lado. Si nos volvemos un poco expertos en química, sabemos que el vinagre convierte el amoniaco, que es volátil y maloliente, en ion amonio, el cual no tiene olor.

Además, este entorno ácido disuelve los depósitos de fosfato cálcico que forman el sarro, dando una sensación de mayor limpieza. No obstante, es importante señalar que la literatura no ha probado directamente la eficacia del vinagre sobre la base del inodoro. Por tanto, no podemos afirmar rigurosamente que esto funcionará 'sí o sí' siempre.