Walken no es ajeno a los grandes problemas médicos derivados del consumo del azúcar. Un ingrediente que, tal y como explicó, estuvo muy presente —tal vez demasiado— durante su infancia:
Cuando era niño, en casa había todos los días tarta, galletas y tartas de crema de chocolate. Cada semana, la señora de la limpieza se llevaba a casa una bolsa enorme llena de cosas. Uno pensaría que era genial. En la panadería, solía preparar grandes calderos de chocolate fundido. El olor a azúcar en esa cantidad es abrumador. Es casi demasiado.
Puede que, precisamente, este abuso del azúcar haya ayudado que el intérprete la haya desterrado casi por completo de su día a día, lo que implica dejar pasar los postres cuando come fuera de casa.
Ahora nunca como postre. Como dulces muy de vez en cuando. No como azúcar. Por la mañana, cuando tomo café, le echo melaza. Está muy bueno. Cuando voy a un restaurante, la gente siempre toma postre, y yo siempre lo paso por alto. A lo mejor como un poco de queso o algo por el estilo.

