Un equipo de dieciséis investigadores encabezado por la Universidad de Minnesota ha detectado con el James Webb una única línea de emisión en una posición del cielo donde ni una de las imágenes más profundas jamás obtenidas muestra nada. El trabajo se publicó el 22 de septiembre en The Astrophysical Journal, y ha empezado a circular un mes después convertido en misterio.
Hay un objeto sin identificar, eso es cierto. Lo que no hay es ni un destello ni un enigma sin hipótesis: los autores discuten nueve identificaciones posibles, agrupadas en cinco familias de escenarios, y explican una por una por qué cada una cojea.
Una línea de emisión a 16.004 ángstroms —1,6 micras, infrarrojo cercano—, con un flujo de 2,5 por 10⁻¹⁸ ergios por segundo y centímetro cuadrado, y una anchura no resuelta que implica menos de unos 300 kilómetros por segundo. Sin continuo detectable. Sin ninguna otra línea acompañante en todo el rango cubierto, de 0,97 a 1,89 micras.

