Para quien se plantea comprar su primera impresora 3D y quiere saber qué hay detrás antes de gastar. Necesitas tres cosas: la impresora, un material fácil (PLA o PETG) y un programa gratuito que traduce el modelo a instrucciones. Lo que conseguirás: piezas útiles, repuestos sencillos y prototipos. Lo que no: platos y vasos seguros para comer, piezas de PLA que aguanten el calor o el sol, ni imprimir sin pensar en la ventilación.

Voy a ser directo desde el principio: la impresión 3D doméstica ha dejado de ser cosa de manitas, pero no es un electrodoméstico. Es una pequeña fábrica de plástico caliente en tu salón. Los propios fabricantes lo explican con bastante honestidad en su documentación, y es ahí donde está la información útil, no en los vídeos de «mira lo que he impreso».

Una impresora de filamento, un rollo de material y un laminador (slicer). Con eso puedes imprimir; lo demás es aprender a ajustar.

La impresora. Las domésticas más comunes son las de deposición fundida (FDM). Funcionan calentando un filamento termoplástico y extruyéndolo por una boquilla sobre una plataforma que se mueve, construyendo el objeto capa a capa. Según un estudio de UL y el Georgia Institute of Technology presentado en el congreso Indoor Air 2016, esas boquillas suelen trabajar entre 180 y 270 °C, y pueden llegar a 320 °C.