La victoria de su adversario regional, con el 51,79% de los votos frente al 48,21% del derechista Flávio Bolsonaro, abrió un debate interno en el Gobierno. En el Poder Ejecutivo conviven quienes alertan sobre un posible fraude, en línea con los cuestionamientos de la oposición brasileña, y quienes consideran que el resultado no altera el liderazgo regional de Milei ni su interlocución con Estados Unidos.
El oficialismo, y en particular el libertario, evitó pronunciarse públicamente y saludar a da Silva, pese a que ambos candidatos se expresaron tras conocerse los resultados. El desconocimiento de la elección por parte del candidato de derecha postergó el pronunciamiento previsto. En contraste, el chileno Antonio Kast y el paraguayo Santiago Peña fueron de los primeros en felicitar a Lula da Silva y varios referentes de derecha de la región se plegaron a los saludos.
Una vez consolidada la tendencia favorable a Lula, que irá por su cuarto mandato, varios referentes libertarios comenzaron a analizar en reserva el impacto del desenlace en el escenario regional. “TMAP”, celebraron en uno de los despachos de Casa Rosada, en alusión a la sigla que popularizó el asesor presidencial, Santiago Caputo, para sostener que “todo marcha acorde al plan”. En esa lectura, el actual resultado no modifica el lugar que Milei busca ocupar como aliado regional de Estados Unidos y mantiene su vínculo directo con Donald Trump.

