El virus que lo cambió todo. Existen algunos virus que no solo invaden las células ajenas y utilizan su maquinaria para reproducirse. También son capaces de insertar su propio ADN en medio del ADN del huésped. Si esto ocurre en las células germinales, la inserción puede pasar de generación en generación. Por eso, los científicos de la Universidad de Lund examinaron el ADN de chimpancé en busca de fragmentos virales que pudiesen resultar sospechosos. Les llamó especialmente la atención la presencia de ADN de un virus llamado Pan troglodytes endogenous retrovirus-1 (PTERV1), ya que se encuentra en estos y otros simios africanos, pero no en los humanos. Era un gran candidato.

Invasión al cerebro. El segundo motivo por el que les llamó la atención este virus fue porque su ADN se encontraba insertado cerca de un gen no codificante llamado LINC00662, que tiene un papel muy importante en el desarrollo del cerebro. Que sea no codificante significa que no tiene las instrucciones para sintetizar proteínas, sino que regula a otros genes de algún modo. En este caso, cuando se activa en el cerebro, regula positivamente los genes que favorecen que las neuronas maduren y desarrollen las extensiones necesarias para poder conectarse.