Los sesgos. La industria tecnológica dio prioridad a las voces femeninas hasta convertirlas prácticamente en la norma. Esta decisión se apoya en sesgos cognitivos heredados de una sociedad sexista: los estudios sobre comportamiento avalan la asociación entre voz femenina y las funciones de asistencia, recepción o atención al público.

A una IA que percibimos como femenina solemos atribuirle amabilidad, empatía y capacidad para tranquilizarnos. De ahí que la voz por defecto de estas herramientas sea habitualmente la de mujer: tenemos la percepción de que así es más fácil comunicarnos con ellas. Y con las masculinas ocurre lo contrario: los sesgos cognitivos apuntan a una mayor autoridad y firmeza.

La prueba. Un equipo de investigadores de varias universidades europeas, entre ellas la Universidad de Limerick y la de Zúrich, puso a prueba estos sesgos en un experimento sobre tareas profesionales titulado '¿De apariencia humana y masculino? Cómo influye el diseño de los asistentes de IA en la confianza y las recompensas económicas en el trabajo en realidad virtual'. Para ello, equiparon a 189 participantes con gafas de realidad virtual.

En el estudio se probaron cuatro asistentes distintos: un chatbot de texto, un robot de escritorio y dos agentes de aspecto humano llamados Johan y Johanna. Cada participante interactuó con tres de ellos: el chatbot, el robot y uno de los dos avatares humanos. Todos usaban el mismo modelo, GPT-4 de OpenAI.