El espejismo inicial. Un aviso bastante repetido al inicio de las dietas estrictas es que los primeros kilos perdidos corresponden casi exclusivamente a agua y glucógeno, no a grasa corporal, que es lo que nos interesa. Y aquí la ciencia no tiene problemas, puesto que el glucógeno (que son nuestras reservas energéticas inmediatas) se almacena en el cuerpo profundamente hidratado.
Esta peculiar composición es precisamente lo que explica la caída de peso rápida e ilusoria al inicio de las dietas muy bajas en calorías. También da explicación a la recuperación de peso casi inmediata y exagerada que ocurre en el momento en que una persona vuelve a comer muchos carbohidratos en su día a día.
El efecto rebote. Quizás este sea el dogma más extendido cuando hablamos de la pérdida de peso, y es que este concepto nos apunta a que si perdemos peso y posteriormente volvemos al sedentarismo, vamos a recuperar el peso anterior y un poco más. Pero aquí un estudio realizado con 200 personas con obesidad ha llegado para contradecir esta idea.
Y es que, para llegar a esta conclusión, los investigadores los separaron en un grupo que perdió peso rápidamente en 12 semanas y otro grupo que lo perdió de manera gradual en 36 semanas. Una vez hecho esto, se esperaron 144 semanas para comprobar que ambos grupos habían recuperado el mismo peso, algo que contradice lo dicho.

