No es broma. Aunque yo creía que sí. Prometo que no es una licencia literaria lo que voy a contar. Un día, tomando algo con un amigo me cuenta que el otro día llegó a casa y alguien había aparcado en su plaza de garaje. "Me quedé a cuadros porque no tenía sitio dónde aparcar fuera, en la calle", me dijo.
Después de conseguir aparcar y tras un par de horas enganchados al teléfono conectando llamadas consiguieron enterarse de que la persona que había aparcado era el hermano de una vecina. Se había equivocado de plaza de garaje porque había anotado mal el número de la misma y se había ido de viaje. Aprovechando que su hermana estaba también de vacaciones, tenía un garaje gratis en Madrid.
"Y tanto", me dijo mi amigo que recalcó entre risas un "como que lo estaba pagando yo". Por suerte, quedaba libre la plaza de la vecina y pudo aparcar sin problemas hasta que ésta volvió e hicieron el intercambio.
¿Y si no es una equivocación? Eso nos hizo preguntarnos en la redacción de Xataka qué pasaba si llegas a tu plaza de garaje, está ocupada y no consigues dar con el dueño del coche. Y es que la cuestión es que en este caso fue una equivocación pero no siempre es así.

