Un equipo de la Universidad de Minnesota ha conseguido vitrificar riñones de cerdo del tamaño de un riñón humano, almacenarlos a 150 grados bajo cero y recalentarlos sin que se rompan, con función recuperada al conectarlos a una máquina de perfusión. Uno de ellos pasó 366 días congelado y, al recalentarlo, recuperó flujo sanguíneo y volvió a producir orina, aunque menos que la mayoría de los riñones vitrificados del estudio. El trabajo se publicó el 14 de octubre en bioRxiv y aún no ha pasado revisión por pares.

Es un avance real y de escala inédita. Pero conviene separar dos experimentos que la cobertura mezcla, porque la diferencia lo cambia todo.

No el riñón que estuvo un año congelado. Ese se evaluó únicamente en una máquina de perfusión, fuera del cuerpo, durante dos horas. Nunca se implantó en ningún animal.

Los trasplantes se hicieron con otros riñones, tres por grupo, en un modelo agudo de 120 minutos tras el cual los animales se sacrificaron. El propio paper señala que la mayoría de los riñones vitrificados se almacenaron entre uno y siete días, y no indica cuánto tiempo llevaban congelados los tres que se trasplantaron. Es decir: nadie ha trasplantado todavía un riñón que llevara un año congelado.