Varias son las figuras de Hollywood que preservan el medioambiente a la hora de elegir una residencia, y Brad Pitt llevó esta visión un paso más allá. En lugar de buscar un simple refugio ecológico de descanso, el actor adquirió una emblemática propiedad en el sur de Francia y levantó allí un verdadero emporio sustentable de la vitivinicultura mundial.
La historia comenzó con la compra de Château Miraval, una imponente finca de 500 hectáreas ubicada en Correns, dentro de la cotizada región de la Provenza. El protagonista de Troya desembolsó casi 60 millones de dólares por este predio que alberga bosques autóctonos, olivares centenarios, un castillo histórico y vastos campos de cultivo. Desde el inicio, el proyecto priorizó el respeto absoluto por el ecosistema: la finca funciona bajo un modelo ecológico estricto, libre de químicos, pesticidas y herbicidas sintéticos.
Antes de la llegada del artista estadounidense, el terreno producía apenas 150 mil botellas anuales de vino de gran categoría, destinadas a un mercado selecto. Sin embargo, Pitt vio más allá. Decidido a profesionalizar la producción sobre bases orgánicas y sustentables, sumó como socios a la familia Perrin, viticultores galos de amplio prestigio.

