Estas cartas nacieron para cambiarlas en el patio del colegio. Nadie las miraba como algo que pudiera dar dinero de verdad. Hoy hay quien las compara con las acciones de la empresa más valiosa del planeta. Y hay gráficos que, de momento, le dan la razón.
Dos curvas casi gemelas. Un gráfico generado por la plataforma de datos Blockworks, pone frente a frente varios activos de inversión en un histórico desde 2019. El índice Pokémon de Card Ladder, que evalúa el precio promedio de una cesta de cartas coleccionables de Pokémon, se ha multiplicado por unas 40 veces en los últimos siete años.
Por si parte, durante este mismo periodo Nvidia se ha convertido en la primera empresa en superar los cinco billones de dólares en bolsa, gracias al auge de la IA y a la enorme demanda de sus procesadores. Ese ascenso meteórico de su capitalización ha hecho que los inversores de la compañía fundada por Jensen Huang y sus amigos hayan multiplicado por 41 su inversión inicial. Es decir, un simple juego de cartas ha sido casi tan rentable como la empresa con mayor capitalización del mundo.
Un valor refugio. Aunque pueda parecer algo tan ilógico como la burbuja de los tulipanes, el valor de las cartas responde a las leyes del mercado: valen tanto como lo que está dispuesto a pagar el más osado de sus compradores. Entre los jóvenes millonarios ya se ven como un refugio lejos de los vaivenes de la bolsa.

