El SEAD 23 alcanza unos 36 nudos (unos 67 km/h), carga hasta 600 kilos entre combustible y sensores y puede pasarse una semana en el mar a cuatro nudos. Es el primer drone de superficie de la Armada española. Costó 1,1 millones de euros. Hoy la Armada tiene dos.
Lo construyó Seadrone, un pequeño astillero de Vigo. Desde 2023, Seadrone pertenece a Zelenza. Y Zelenza, para la inmensa mayoría de sus 2.500 empleados, no es una empresa de drones: es una empresa que gestiona redes, mantiene infraestructuras y atiende a los clientes de otros.
Esa doble vida es lo interesante de esta empresa.
“La Zelenza actual es una empresa de servicios tecnológicos porque históricamente era así”, resume Pedro Alfaro, su CEO, en conversación con Xataka. Un mercado maduro que concentra casi toda la plantilla y los ingresos. Y, al lado, otra cosa: una apuesta “muy centrada en defensa y seguridad y en el mundo de lo no tripulado”. El propio Alfaro lo llama “un punto de ruptura”: están bajo el mismo paraguas, pero son dos entornos que no se parecen en nada.

