Para quién es: para cualquiera que compre por internet con tarjeta y quiera reducir lo que puede perder si sus datos acaban en malas manos. Qué consigues: entender las tres capas que ya tienes a tu alcance (la autenticación que exige la ley, una tarjeta distinta para comprar online y el pago con el móvil) y qué dice la normativa española si, aun así, te cuelan un cargo.

El resumen cabe en una frase del Banco de España: para usar tu tarjeta de forma fraudulenta «no se necesita tener la tarjeta físicamente, basta con su numeración, su fecha de caducidad y su CCV», según su Portal del Cliente Bancario. Todo lo que sigue consiste en que esos tres datos sirvan de poco: que el banco pida algo más, que lo expuesto no sea tu tarjeta principal y que, cuando sea posible, el comercio ni siquiera los vea.

Paso 1: entiende la autenticación reforzada (y no la desactives)

La autenticación reforzada es la confirmación extra que te pide el banco al pagar online. La ley española, en el artículo 68 del Real Decreto-ley 19/2018 de servicios de pago, obliga a aplicarla cuando inicias un pago electrónico, y en su artículo 3 la define como el uso de al menos dos de tres elementos independientes: algo que sabes (un PIN), algo que tienes (el móvil) y algo que eres (tu huella o tu cara).