Joseba Legarreta, otro usuario de X, contaba una situación similar, y ambas publicaciones se han llenado de profesionales que comparten sensaciones y experiencias similares. El miedo a perder el empleo ya pesaba como una losa, pero a esa presión se unen otras: sentir que "años de esfuerzo por aprender se han ido por el retrete".

Duele más lo que se pierde. La IA frena el acceso de los perfiles junior y asume tareas que antes servían de escalón formativo para quienes comenzaban su carrera laboral. Una publicación de Stanford, asegura que los programadores de 22 a 25 años acumulan descensos de empleo, pero quien conserva el puesto también sufre esa presión constante. Deedy Das, socio de la firma de capital de riesgo Menlo Ventures, contaba a Business Insider que la mayoría de los ingenieros sufre "una crisis de identidad que roza la depresión".

Investigadores de la Universidad Friedrich-Alexander de Erlangen-Núremberg aportan un enfoque más académico a esta nueva capa del problema de la IA, y plantean que el empleo da algo más que sueldo a estos ingenieros: les da una rutina, contacto social, estatus y sentimiento de colectivo.