La Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE) está atravesando una de las mayores purgas de su historia reciente. El organismo que conduce Cristian Auguadra, bajo el control político de Santiago Caputo, avanza con el desmantelamiento de sus delegaciones provinciales y una reducción masiva de personal que ya provoca un profundo malestar entre los agentes de carrera. La reestructuración, que elDiarioAR había anticipado en mayo, dejó de ser un proyecto para convertirse en una realidad: ya hay oficinas cerradas, agentes desplazados y exámenes que, según denuncian dentro del organismo, están siendo utilizados para determinar quiénes conservarán sus puestos y quiénes quedarán afuera.

El ajuste se profundiza en el contexto del operativo que permitió sacar a Flávio Bolsonaro de Brasil a través de la Triple Frontera, una maniobra que involucró a la SIDE y que tuvo como protagonista al propio Caputo. El asesor presidencial, que pretende convertir la central de inteligencia en una suerte de CIA argentina, impulsa ahora una transformación que busca concentrar recursos en operaciones estratégicas y contraespionaje, es decir, en la detección y neutralización de amenazas extranjeras. La paradoja es que, mientras La Casa aspira a ganar protagonismo internacional, está desarmando buena parte de la presencia territorial que durante décadas le permitió mantener agentes desplegados en todo el país.