De hecho, la realidad es justo la opuesta: si adquieres un robot, puedes desgravarte el gasto. Pues bien, han entrevistado al filántropo y multimillonario en The Observer y ha vuelto a poner el foco en lo que él cree que es el problema: los incentivos empresariales. Y ha vuelto a insistir: el sistema premia la sustitución de personas por máquinas.

Qué fácil es reemplazar trabajos (humanos). Bill Gates describe la IA como un evento evolutivo que deja al humano en un segundo plano, ya que ya no seremos lo más inteligente del planeta. Y esto trasciende de lo tecnológico a lo político: quién va a pagar la transición. Lo que Gates adelanta suena desolador: el reemplazo de casi todas las habilidades laborales por parte de la inteligencia artificial. Primero las de invención y trabajos de oficina y después, gracias a los robots humanoides, a los oficios.

Ante esa realidad, Bill Gates explica que tal y como están diseñados los incentivos laborales (en su opinión, mal), la lógica dominante "consiste en contratar al robot, despedir al humano y no mirar atrás". Por eso sostiene que los ingresos públicos caerán aunque la prosperidad (a nivel macro, otra cosa serán los hogares de esas personas sin trabajo) mejore. Y eso sin hablar de los riesgos de ese avance de la IA: en su hoja negra de posibilidades está el bioterrorismo y los ciberataques como amenaza inmediata y, a finales de los años 20, que la IA opere fuera de control humano y haya que ponerse serios con el alineamiento.